Corazón de sierva
En cierta ocasión los sirios, que salían a merodear, capturaron a una muchacha israelita y la hicieron criada de la esposa de Naamán. Un día la muchacha le dijo a su ama: “Ojala el amo fuera a ver al profeta que hay en Samaria, porque él lo sanaría de su lepra.” 2 Reyes 5: 2-3 NVI
Una muchacha israelita a quien habían tomado como prisionera los sirios estaba como esclava o criada de la esposa de Naamán y le hizo saber a éste que el profeta de Israel, Eliseo, podría sanarlo de su lepra. La lepra es una enfermedad contagiosa e infecciosa conocida desde los tiempos bíblicos, caracterizada por úlceras cutáneas deformantes, daño neurológico y debilidad progresiva. Algunos síntomas son enrojecimientos de la piel, entumecimiento, falta de sensibilidad en sus extremidades, y debilidad muscular entre otros. Esta enfermedad causa daño nervioso en brazos y piernas que ocasiona pérdida de la sensibilidad cutánea y debilidad muscular. Las personas con lepra de duración prolongada pueden perder el uso de las manos o los pies debido a las lesiones repetitivas ocasionadas por la ausencia de sensibilidad
Esta joven, me imagino que había visto el sufrimiento de su amo, y hasta el de su esposa. No sé cuantas veces tal vez vio a su ama llorando por la condición de Naamán, pensando en alguna solución para esta enfermedad. Esta criada debió de haber visto el padecimiento físico de su amo, tal vez ella deseaba la salud y el bienestar de su amo, aunque era una cautiva, una sierva tomada a la fuerza por el ejército; Naamán no despreció sus consejos aún siendo ella de otro país ajeno al suyo y sobre todo una criada, que no tenía una posición como para ser consejera de este jefe del ejército.
Esta muchacha, a pesar de ser criada, tenía corazón de sierva, porque no se limitó a sus deberes, sino que fue más allá, y aun mas, conociendo el terrible mal que estaba enfrentando su amo de la lepra.
Un criado es una persona que sirve por un salario, y especialmente la que se emplea en el servicio doméstico. Este solo se limita a hacer lo que le ordenan, porque por su conducta y su obediencia va a recibir una remuneración; en cambio un siervo es el que no pone limites a sus servicios, como esa joven que no pensó que por dar un consejo recibiría una recompensa, hablo de una solución desinteresadamente. Lo que la movió para actuar mas allá de sus obligaciones fue el amor que sentía por su señor, ella sabía además que existía un Dios que podía limpiar a Naamán de esta lepra.
Cuando dejamos a un lado nuestra condición tal vez de “criados”, pensando en hacer todo simplemente a cambio de algo en recompensa por este servicio, comenzamos a vivir en una verdadera obediencia a Dios. Dios desea personas que tengan corazón de siervos. Un siervo es un ministro, aquel que ejerce al acto de ministrar o servir. En hebreo, el que sirve es denominado con el término «ebed», que implica un servicio voluntario u obligatorio, y designa a todos aquellos que tienen que servir; el prisionero de guerra, el esclavo comprado, el funcionario privilegiado de un soberano, y también el adorador de Jehová.
Estamos atravesando tiempos en que tenemos que tomar una actitud de siervos en nuestra vida espiritual. No nos quedemos lamentándonos por nuestra situación actual, convirtamos lo que parece ser malo en bueno, ¿cómo hacerlo? Mirando las cosas con otro tipo de actitud, y asumiendo actitudes diferentes. Cuando estamos en situaciones incomodas, entre más refutes y “refunfuñes” (como dicen en mi país) más tiempo pasarás en el mismo lugar. Pero si asumes la posición de hacer el bien, a todos los que te rodean, y comienzas a alegrarte en medio de tu crisis, aunque no entiendas porque estás pasando por esta soledad, aunque te sientas mal en el trabajo en cual estás, comienza agradecer a Dios en todo esto. El panorama cambiará totalmente, ya te alegrarás en medio de todo y cuando pase ni cuenta te darás. Es tratar de desenfocar nuestro lente de la cámara, y enfocarlo a otro lado y de otra forma. Como dirá mi mamá: “al mal tiempo buena cara”.
Así comenzaremos a tener corazón de siervos como esta criada que nos mencionó en 2 Reyes, cuando morimos a lo que nuestra carne nos quiere llevar, y comenzamos a pedirle a Dios como le podemos agradar con nuestra vida es cuando empezamos a vivir en verdadera obediencia para El. Aquí comienzan las bendiciones, y me imagino que Dios comienza a decirnos “¡Hiciste bien, siervo bueno y fiel! En lo poco has sido fiel; te pondré a cargo de mucho más. ¡Ven a compartir la felicidad de tu señor!”Mateo 25:21 (NVI). De esta misma forma nosotros debemos mostrar que somos dignos de la confianza de nuestro Señor Jesús, el cual es nuestro amo. Así entraremos en el verdadero gozo, en la promesa que esperamos, que es su venida y que nos encuentre haciendo lo que El nos envió a realizar.
Podemos tal vez pensar que hacemos muchas cosas, pero Dios conoce nuestro corazón. ¿Que le estamos dando de corazón a Dios en nuestra vida? ¿Estamos entregando todo sin esperar una renumeración de parte de El, o damos esperando algo a cambio?
Hoy convierte tu situación dolorosa en una de bendición para otros. Aprendamos a dar a otros de lo que nos han dado a nosotros, sin condición, en servir con este corazón, sin esperar nada a cambio, Dios definitivamente recompensará nuestros actos. Necesitamos dar y hablar a otros que hay un sanador para sus vidas que se llama Jesús, sin temor a nuestra condición social o que puesto ocupemos, como esta criada la cual se atrevió a hablar a Naamán.
Seamos honestos delante del Señor, demostremos a Dios si tenemos corazón de siervo (hijo).
Naamán, cuyo nombre significa “agradable“, vivió en el siglo noveno A.C. Fue el jefe militar encargado del ejército de Siria. Diccionario Bíblico Certeza.